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lunes, 29 de febrero de 2016

Pasta de dátiles… un edulcorante natural con las aventuras de las mil y una noche en su espalda


Si les cuento que hasta hace un mes para mí el dátil no era una de las frutas deshidratadas que consumía, es más, las veces que los probé fue en épocas navideñas, siempre integrados en tortas negras llenas de especies, y en algunos casos, dentro de alguna cesta llena de productos especiales y lujosos que le obsequiaban a algún conocido como regalo de navidad de una empresa de la cual era cliente.
Hasta ahora no sabía que es la fruta de una palmera, la cual no la deshidratan con azúcar ni sulfitos como muchas otras, sino que se seca directamente en la mata antes de ser recolectada y que, además, es considerada alimento básico en los países del Magreb (adaptación al español del árabe que significa “lugar por donde se pone el sol”, el poniente, la parte más occidental del Mundo Árabe, correspondiente a la región del Norte de África que comprende países como Marruecos, Túnez y Argelia) donde las tribus nómadas en sus largos viajes por los desiertos podían transportarlos fácilmente por su tamaño y sobrevivir por su carga energética. Los Dátiles forman parte de la cultura islámica y están ligados al Ramadán donde la tradición habla que el Profeta del Islam rompía el ayuno con un dátil, como símbolo de austeridad. Fueron los árabes los que extienden el uso y el cultivo de estos frutos de la palmera datilera por todo el mediterráneo, aprovechándolos en cualquier preparación dulce o salada, tanto en la alimentación diaria como en la medicina natural.
Pero como el que busca encuentra, investigando para mi recetario digital en el que estoy trabajando con la Dra. Lima, descubrí que gracias a su dulzor es un buen sustituto del azúcar, convirtiéndose en un edulcorante natural que además aporta fibra, potasio y fósforo; siendo cada vez más utilizado por las últimas tendencias de alimentación saludable. Además, esta pasta es también el sustituto perfecto para cualquier mermelada y combina extraordinariamente con el queso de cabra y algunos quesos madurados, por lo que puede ser un complemento ideal para cualquier mesa de quesos que compartas con tus invitados.


Ingredientes
250gr de dátiles sin semillas
2/3 taza de agua
Preparación
Coloca los dátiles en una taza pyrex bien compactados hacia el fondo, cúbrelos con el agua y caliéntalos por 2 ó 3 minutos en el microondas. Retíralos del horno y déjalos en el agua caliente por un lapso de 3 horas.
Pásalos al procesador junto con el agua y procesa hasta obtener una pasta suave y untable con la consistencia de una mermelada o jalea espesa. Envásala en un frasco de vidrio y mantenla siempre en la nevera. Tiende a obscurecerse un poco con los días, es normal.
Rinde 1 a 1,5 tazas

Tamaño de la porción: 1 cucharadita (5gr)

martes, 1 de mayo de 2012

Filetes de pollo con salsa de manzana y sidra al sartén… manzana al cuadrado



Uno de los platos más comunes que uno aprende a realizar en la escuela de cocina son filetes o cortes sin hueso de primera calidad de carne de res, cerdo, cordero, aves o pescado; los cuales son dorados relativamente rápido (dependiendo del género elegido) y servidos con una salsa hecha a último minuto, reduciendo los líquidos de cocción sobre el fondo caramelizado que queda el sartén junto con algún tipo de alcohol (vino, vermouth, champaña, oporto, etc.), hierbas aromáticas y/o vegetales finamente picados y espesadas con crema de leche, harina, almidón o emulsionadas con mantequilla muy fría para volverlas tersas y sedosas. Este tipo de salsas son conocidas cómo salsas rápidas, salsas al sartén (pan sauces or gravy en inglés) y son las más utilizadas por los chefs de grandes restaurantes a lo largo del mundo, de ellas seguramente reconocerás el Steack a la Pimienta y la salsa de Mantequilla Tosatada o Avellanada utilizada en pastas y pescados. Son tan sencillas de hacer que tú también podrás lucir un plato de restaurant en tu mesa con esta receta que te da el sabor de la manzana reforzada con la sidra y que es una perfecta acompañante tanto del pollo como del cerdo. Bon Appetit.
Ingredientes
8 filetes delgados de pollo sacados de 4 pechugas medianas de pollo*
½ manzana roja mediana
2 echalotes picados los más finos y pequeños posibles
1 taza de sidra
2 cucharaditas de mostaza a la antigua**
2 cucharadas de mantequilla helada
2 cucharaditas de jugo de limón
2 cucharaditas de aceite vegetal de canola
Sal y pimienta al gusto
Harina de trigo para espolvorear el pollo
*Puedes pedirle a tu carnicero que te prepare los filetes de pollo o comprar las 3 pechugas de pollo sin hueso y dividirlas lo más parejo posible en dos cada una.
**La mostaza a la antigua la puedes conseguir en el supermercado y no es más que la mostaza entera en semillas que viene preparada en una solución avinagrada y era cómo se conseguía hace muchos años en los mercados de Francia.
Preparación
Pela, descorazona y pica en cubitos la media manzana y, con ayuda de un procesador, muele la manzana hasta conseguir un puré de consistencia rústica con pequeños trocitos de fruta.

Pon a calentar un par de cucharaditas de aceite en un sartén grande a fuego medio alto, seca con un papel de cocina toda la superficie de los filetes para retirar la mayor cantidad de humedad posible que puedan tener y salpimienta; coloca en un plato grande y hondo un poco de harina y mueve el plato hasta que extiendas la misma por toda la superficie. Uno a uno pasa los filetes por harina cubriéndolos por ambos lados y sacudiendo el exceso, la idea es cubrirlos con una película muy delgada de la harina para sellar los jugos dentro de la carne a la hora de la cocción. No hagas este paso con demasiada antelación porque si no la harina se humedece y forma una capa desagradable sobre el pollo, dándole una consistencia pastosa en vez de crocante y dorada. Una vez cubiertos los filetes, colócalos de inmediato en el sartén y cuécelos hasta que estén doraditos por ambos lados, retíralos del sartén y resérvalos, de ser posible en un plato o un tazón caliente, tapaditos con papel aluminio.

Baja el fuego y agrega los echalotes picados y el puré de manzana al sartén y cuece por un minuto removiendo constantemente con la cuchara de palo, raspando del fondo del todos los pedacitos marrones de pollo que estén adheridos, agrega la sidra y el jugo de limón aumentando de nuevo la temperatura del fuego a medio alto, cuece tu salsa rápidamente hasta que haya reducido un tercio de su volumen. Ahora incorpora todos los jugos de cocción que se encuentren en el tazón o plato donde reservaste los filetes calientes junto con las 2 cucharaditas de mostaza y permite que la salsa reduzca un poquito más. Apaga el fuego y rápidamente incorpora una a una las cucharadas de mantequilla, batiendo constantemente con la cuchara de madera o un batidor de alambre hasta que tu salsa adquiera una consistencia ligeramente espesa y una apariencia brillante y sedosa. 

Si te ha pasado como a mí muchísimas veces y se te ha reducido demasiado la salsa, siempre puedes agregar un poquito de agua o caldo a la misma y así recuperar algo de su fluidez. Rectifica la sal y la pimienta.
Sírvela de inmediato sobre tus filetes y ¡voila! a comer.

Rinde 4 porciones

jueves, 12 de abril de 2012

Carne Estofada con Batatas… el horno hace la diferencia



Son muchos los que conozco, sobre todo en Venezuela, que no escapan de usar una olla de presión para guisar carne. ¿Las razones? muchas, entre ellas la falta de tiempo para cocinar y lo duro que es el corte de carne que se utiliza. ¿Son esas las tuyas? porque han sido las mías hasta ahora.
 Normalmente uso cortes de carne para guisar como el lagarto (osobuco), el pecho de res o el solomo abierto los cuales tienen dos buenas ventajas, son baratos y tienen mucho gusto gracias a esas vetas blancas y delgadas de grasa entretejidas que se ven en la carne (marmoleada) pero, en contraposición suelen ser duras por lo que llevan mucho tiempo cocinarlas para ablandarse, es ahí donde salía a relucir mi olla de presión. Lo que nunca me imaginé es el aroma con que impregnaría mi casa abriendo el apetito de todos y el sabor único que resultaría de un estofado hecho en el horno, en fin, no sabía lo que me estaba perdiendo. He pasado horas metida de cabeza en libros de cocina estudiando y comparando técnicas e ingredientes de muchas recetas y cuando llegaba al tema de los estofados tendía a pasar la página con la creencia de que no sería realmente diferente y que por lo tanto no me tomaría todo ese tiempo para cocinar una simple carne guisada. ERROR (en negritas y en mayúsculas como lo ven), ahora entiendo por qué tantos libros no podían estar equivocados y sobretodo por qué la escuela de cocina on-line de Cook´s Illustrated, donde estoy tomando algunas clases y de la cual tomé y adapte esta receta con ingredientes que podemos encontrar en nuestros supermercados, no en vano lo llama “El mejor estofado de carne” (The Best Beef Stew).

Si tienen la oportunidad de tomarse un Domingo para dedicarle un ratito nada más para la preparación de esta carne, la cual es muy sencilla, y después realizar cualquier otra cosa mientras la carne se cocina solita en el horno no la desaprovechen y prueben esta técnica, el resultado es realmente delicioso. La receta original llevaba cebollitas perla (difíciles de conseguir en Venezuela), harina para espesar y papas, en su lugar le agregue batatas las cuales aportarán la ración de carbohidratos en mejores proporciones que la papa, la dulzura de las cebollitas y contribuirán junto con la gelatina sin sabor a espesar la salsa sin necesidad de agregar la harina.
Ingredientes
1,8 kg de pecho de res cortada en cubos parejos de 5 x 5 cm*
3 filetes de anchoas picadas bien pequeñita para obtener casi una pasta
1 cucharada de pasta de tomate
2 ajos grandes picados fino o triturados
1 cebolla grande picada en julianas finas
4 zanahorias medianas cortadas en trozos de 2,5 cm
4 batatas medianas peladas y cortadas en 6 porciones
1 taza de guisantes congelados
2 tazas de vino tinto suave
2 cucharadas de aceite vegetal
2 tazas de caldo de pollo bajo en sodio
2 hojas de laurel
4 ramitas de tomillo
100 gr de tocineta entera
2 cucharaditas de gelatina sin sabor
½ taza de agua
Sal y pimienta al gusto
Preparación
Coloca la rejilla del horno en el nivel medio y precalienta el horno a 300°F, coloca la carne picada sobre una rejilla para que pierda un poco el frío y escurra los líquidos sobre una bandeja de hornear, junta  en un tazón pequeño las anchoas picaditas, el ajo y la pasta de tomate mezclándolo muy bien hasta obtener una pasta y resérvala. Saca los guisantes del congelador y déjalos descongelándose en otro tazón.

Pon a calentar a fuego medio alto una olla grande preferiblemente de hierro y pesada (cocote*) durante unos minutos hasta que esté bien caliente, mientras tanto con la ayuda de unas toallas de papel absorbente seca  muy bien la superficie de la carne para eliminar la humedad exterior que contenga  que evita que un mejor color dorado al momento de sellar la misma, una vez caliente la olla agrega 1 cucharada de aceite vegetal y a continuación la mitad o un tercio de la carne a la cacerola, distribuyendo muy bien la carne por toda la superficie, evita agregar demasiada carne a la vez porque bajara mucho la temperatura y en vez de sellar tu carne y obtener un hermoso color dorado, sólo lograrás que se desplieguen los jugos de la misma llenando el fondo de tu cacerola de líquidos sancochándola sin poder obtener color alguno. Ya dorada por abajo dale la vuelta y sigue el proceso hasta que esté bien doradita por todos los lados, retírala de la olla, resérvala en un tazón. Agrega la segunda cucharada de aceite y el resto de la carne para repetir el mismo proceso, mientras terminas de dorar la carne, una vez dorada el resto de la carne, baja el fuego a medio y devuelve la carne anterior a la olla junto con los líquidos recolectados para seguir con la preparación.

Incorpora la cebolla y la zanahoria a la carne y removiendo constantemente cocina los vegetales un par de minutos raspando el fondo de la olla con la cuchara de palo para despegar cualquier trocito de carne que pudiera estar adherido al fondo, agrega la pasta que hiciste con las anchoas y mezcla todo muy bien permitiendo que se cueza unos segundos hasta que sientas la fragancia del ajo. Ahora incorpora el vino y aumenta la temperatura, sigue removiendo constantemente la preparación para desglasar el fondo de la olla y mantenlo así hasta evaporar 2 tercios del vino, una vez reducido el líquido, agrega el caldo de pollo, el laurel, el tomillo, la tocineta entera y espera que hierva, llegado el punto de ebullición, tapa tu cacerola, retírala del fuego y pásala inmediatamente al horno previamente caliente. Cuece la preparación por un lapso de 2 horas.

Transcurrido este tiempo, retira del horno la olla y descarta las hojas de laurel y la tocineta, agrega las batatas picadas, si te hace falta un poco más de líquido agrega un poco de agua y devuelve la olla tapada al horno. Cocina de 20 a 25 minutos o hasta que las batatas estén un poco suaves pero no del todo cocidas. Aprovecha este último lapso de tiempo para hidratar la gelatina en la ½ taza de agua a temperatura ambiente.

Para terminar el guiso, pasa de nuevo la olla a la hornalla de la cocina, con la ayuda de una cuchara grande retira el exceso de grasa que hay en la superficie,  incorpora los guisantes, la gelatina hidratada, pimienta, rectifica la sal y sigue la cocción unos 3 minutos más a fuego alto. Retíralo del fuego y sirve de inmediato.

Rinde de 6 a 8 porciones
*Una cocote como se le conoce en Francia, es una olla de hierro pesada y esmaltada en su interior que se usa tradicionalmente para estofar y brasear preparaciones de la cocina clásica.


también puedes encontrar esta receta en... La Sopa de Tomate Liht

viernes, 23 de marzo de 2012

Pan de Campo Redondo… un aroma delicioso que llenará tu casa


un buen proyecto para hacer el fin de semana


¿Haz hecho pan alguna vez en casa? El olor al hornear el pan es mágico e irresistible, como mágico es su proceso en el horno. Sólo con harina, agua, sal y levadura creas este producto maravilloso que ha alimentado a la humanidad desde tiempos inmemorables. Hacer pan en casa es una de las tareas más reconfortantes que he hecho hasta ahora, deberíamos llamarlo panaterapia, porque el contacto con la masa y el proceso de amasado termina siendo muy relajante, como todo trabajo manual, y las caritas de los tuyos esperando a que salga del horno con ese aroma impregnando la casa y preguntando ¿ya está listo? ¿cuándo sale? es el mejor pago que pueda recibir un cocinero por su trabajo. Pero he de contarles que al principio como a todos, también me dio miedo enfrentarme al proceso de amasar el pan, ¿y si queda mal, y si me queda duro como una piedra? Pero por más duro que quede al principio (verás que no tanto, uno es su peor juez), su sabor y el orgullo de haberlo hecho por ti mismo contagiará a todos en casa y no te quedará otra que seguir practicando y, queridos míos, la práctica hace al maestro así que manos a la obra, mejor dicho a la masa. Quizás lo más difícil de lograr es que obtengas una costra crujiente que permanezca en el tiempo y que no se ablande un poco a las horas de haberse enfriado, la cual se debe a un baño de vapor que recibe la masa al entrar al horno panadero el cual tiene un dispositivo para ello y que al evaporarse empieza el proceso de secado durante la cocción de la capa externa del pan, obteniendo como resultado una costra crujiente y densa que algunos panes como el gallego o el campesino tienen. Pero eso es algo que se puede lograr en casa por distintos medios, de los cuales, mi preferido y con el que he obtenido mejores resultados, es hornear el pan dentro de una olla de hierro pesada y con la tapa puesta durante la mitad de la cocción, lo que los franceses llaman Cocote y es conocida en inglés por Dutch Oven, generando una cámara de vapor dentro de ella que simula a la perfección los hornos utilizados en una panadería. En fin, con costra o sin ella, hacer pan en casa es una aventura divertida que espero disfrutes en compañía de tus seres queridos un buen fin de semana.

Ingredientes
500 gr de harina todo uso
7 gr de levadura instantánea*
1 ½ cucharaditas de sal
350 ml de agua
Harina para enharinar la superficie de trabajo
Preparación
Amasando a mano: coloca en un tazón bien grande la harina y la levadura instantánea, mezcla ligeramente con las manos hasta que la levadura se esparza y desaparezca dentro de la harina, luego agrega la sal y repite el proceso. ¿Por qué hacemos esto? Para evitar que la sal entre en contacto directo con la levadura, detenga su proceso de levad. Una vez lista la mezcla, agrega el agua y con la de una cuchara de madera ve incorporando de a poco la harina hasta que forme una masa dispareja pero cohesionada.

Esparce un poquito de harina sobre un mesón de superficie lisa, vuelca la masa sobre el mismo, amasa estirando y doblando sobre si misma la masa por unos 10 minutos, hasta que te quedé bastante lisa y suave. Forma una bola con ella, traspásala a un tazón grande ligeramente engrasado para que no se pegue y cúbrela con un plástico (yo utilizo un gorro plástico de baño, de esos que usas para no mojarte el cabello cuando te bañas y que consigues fácilmente en las farmacias o perfumerías) o un paño de cocina húmedo para dejarla reposar por hora y media o hasta que doble su tamaño. En este momento comienza lo que llamaremos la fermentación inicial, que es el primer proceso de levado que llevara tu pan.
Una vez transcurrido el primer proceso de levado, prepara una cesta de pan colocando un paño de algodón encima de ella y espolvoreándolo muy bien con harina, reserva tu cesta en un lugar aparte. Ahora vuelve a volcar tu masa sobre el mesón enharinado y, con la ayuda de las yemas de tus dedos, estira suavemente un poco la masa aplastando y desinflando parcialmente las burbujas de aire que están dentro de la masa, no las pinches todas, hasta formar un cuadrado no muy grande. Muy bien, el paso siguiente será llevar las puntas hacia el centro como si doblaras un pañuelo y apretar suavemente para unir estas esquinas entre sí, vuelve aplanarla un poquito y repite esta operación unas 3 a 4 veces más. Este proceso crea una especie de red en la superficie que contendrá la forma de tu pan durante el segundo levado y el horneado. Permite que la masa repose un par de minutos, luego tómala con las manos y vuelve a llevar los extremos uno por uno hacia abajo y hacia adentro haciendo un poco de presión (pellizcándola) en la parte inferior para unirlos, como se formaras la capucha de un hongo, tensando la superficie superior un poco más. Una vez bien cerrada la masa por debajo colócala de nuevo en la mesa con dicho cierre hacia abajo y hazla rodar entre tus manos hasta formar una bola. Traspasa tu pan a la cesta que preparaste anteriormente colocando el área de cierre hacia abajo y cúbrelo con las puntas del paño que sobresalen. Vuelve a colocar tu gorro plástico por encima y deja que vuelva a levar por lo menos unos 45 minutos más o hasta que leve casi el doble de su tamaño. Este proceso de fermentación se le llama fermentación final y una vez que se inicie es bueno que pongas a calentar tu horno, con la olla tapada dentro de él, a unos 425°F, todo este tiempo de precalentamiento asegurará que tanto el horno como la olla mantengan la temperatura relativamente estable durante el proceso de horneado.


Amasando con la batidora: para hacerlo debes de disponer de una batidora que tenga un motor con capacidad (fuerza) de procesar masas con levaduras y ganchos especiales para ello. En mi caso cuento con una KitchenAid que tiene esta función y que verás en muchos sitios llamada como stand mixer. Pues bien, en esta máquina es muy sencillo, solo debes unir todos los ingredientes secos siguiendo las instrucciones arriba mencionadas, agregar el agua y poner en marcha la máquina con el gancho de amasar, en velocidad 2, por unos 5 a 7 minutos, luego sólo debes pasar la masa al mesón enharinado, formar rápidamente una bola con ella para luego colocarla en el tazón engrasado y seguir con el mismo procedimiento de fermentación inicial, formado del pan y fermentación final del amasado a mano.

Para hornear tu pan una vez terminada la segunda fermentación, saca con sumo cuidado del horno tu olla, la cual debe estar muy caliente, destápala y traspasa tu pan rápidamente a la cavidad de la misma una vez más con el cierre hacia abajo. Espolvorea con un poquito de harina la superficie de la masa y con un cuchillo bien afilado o con la ayuda de una hojilla (gilette) de las antiguas afeitadoras haz tres cortes de aproximadamente 2 cm, tápala de nuevo y devuélvela al horno. Hornéalo con la tapa puesta por unos 25 a 30 minutos, luego retira la tapa y continua el horneado dentro de la olla por unos 25 a 30 minutos más o hasta que esté bien doradito y que al golpear el pan por debajo este suene hueco (TOC,TOC).

Ya cocido, retira la olla del horno y el pan de la misma inmediatamente, déjalo enfriar sobre una tabla de madera o una rejilla antes de cortarlo, escucharas con empieza a crujir la concha y a formarse pequeñas grietas en la concha, eso se debe al cambio brusco de la temperatura en su exterior y la liberación de vapor que sale de su interior,  es lo que yo llamo y mi hijo siempre se ríe, ¡oye el pan esta cantando!!!
Tips: si no cuentas con esta olla para la elaboración del pan, siempre puedes hacerlo en una bandeja de hornear normal y corriente, después sólo con calentarlo un poco en el horno a 350°F le devolverás su característica crocante a la costra.
Tips: puedes congelar el pan que te sobre, así siempre tendrás a mano pan para sacarte de apuros. Para descongelarlo déjalo un rato fuera del freezer y luego caliéntalo en el horno un ratico.
Rinde 1 pan redondo

miércoles, 21 de marzo de 2012

Lingüinis Carbonara 4 Quesos con Albahaca… que me perdonen los romanos



Y es que este famoso plato de pasta, cubierta de una intensa salsa a base de huevos, queso y tocineta servida con bastante pimienta negra, que se sirve en Roma y que es toda una institución, no se salvó en mi cocina de sufrir una pequeña variante al agregarle a la combinación de parmesano y pecorino 2 quesos más, junto con una lluvia de albahaca finamente picada. El resultado de esta transformación es una pasta contundente que me recuerda el delicioso sabor de una Quiche Lorraine y un sabor más delicado al de una salsa 4 quesos tradicional, al sustituirlos por quesos más suaves y no agregar más grasa con la crema de leche. Esta experiencia fue de lo más divertida y se me ocurrió a último momento cuando un mediodía, apurada por terminar el almuerzo, decidí hacer uno de nuestros platillos favoritos super rápidos, una pasta carbonara. Estoy segura que no soy la única y que tú seguramente has hecho una cantidad de transformaciones a tus preparaciones de siempre para llevarlas a otro nivel, me encantaría conocer alguna de ellas.
Ingredientes
500 gr de lingüinis
3 huevos
¼ de taza de queso pecorino romano rallado
¼ de taza de queso manchego rallado
1/3 de taza de queso gruyere rallado
¼ de taza de queso parmesano rallado
Queso parmesano rallado adicional para servir en la mesa
185 gr de tocineta ahumada
2 cucharadas de aceite de oliva
Albahaca al gusto
Sal y pimienta
Preparación
En una olla grande coloca suficiente agua para cocer tu pasta y ponla al fuego. Pica en pequeños lardons o rectángulos, colócalos en una cacerolita junto con el aceite de oliva, tápalos y llévalos a la hornilla cociéndolos por unos 15 minutos a fuego bajo para que no se doren, una vez transcurrido este tiempo, apaga el fuego y mantenlos tapaditos para conservar la temperatura.

Al hervir el agua para la pasta, agrega sal suficiente para salar ligeramente el agua y pon a cocer los lingüinis. Para preparar la salsa pica la albahaca finamente, bate en un tazón los huevos junto con los quesos rayados, un poco de pimienta y agrega la albahaca. Coloca un colador para pasta sobre un tazón grande donde puedas servir toda la pasta y una vez que los lingüinis estén al dente cuélalos sobre el mismo permitiendo que el agua caliente de la cocción caiga dentro del tazón para calentarlo, no descartes el agua hasta que esté lista la pasta para ser servirda. Por otro lado, devuelve la pasta a la olla caliente, agrega la tocineta y remueve muy bien para que todo el aceite la impregne y se distribuya bien la tocineta cocida, a continuación agrega la mezcla de huevos crudos y queso removiendo rápida y constantemente toda la preparación hasta lograr una emulsión convirtiéndose en una salsa blanca que recubra los lingüinis. Si notas que está un poco seca y escasa de líquido agrega un poco de agua de la cocción que tienes en el tazón de servicio hasta lograr la consistencia que te guste. Ahora ya puedes descartar el agua y pasar tu preparación al tazón de servicio. 
Sirve de inmediato y coloca un poco más de queso parmesano en la mesa para que tus comensales se sirvan sobre ella si así lo desean. Bon apettit.
Rinde 4 porciones

martes, 13 de marzo de 2012

Risotto de Cebada con Hongos Salteados y Aceite de Albahaca… una alternativa novedosa



Si eres amante del risotto tanto como lo soy yo, acá te traigo una receta riquísima y diferente. La cebada, al igual que el arroz, también es un cereal sólo que  no tiene tan alto contenido de azúcares en su almidón y, por consiguiente, es una alternativa para aquellos que nos gusta un buen risotto en los momentos en que los carbohidratos cuentan en un plan de alimentación restringida además ser una opción para quienes que, por problemas de diabetes, no pueden comer arroz. Es más que perfecta, tiene la misma cremosidad que desarrolla el arroz arborio en este tipo de cocción, es ligera para la digestión y queda perfectamente al dente. La combinación de los hongos salteados y el aceite de albahaca llevan a este clásico de la cocina italiana a otra dimensión. No dejes de probar cosas nuevas cada vez que puedas, descubrirás que tu abanico de sabores puede llegar a ser infinito. Espero que la disfrutes, Bon Appetit.
Ingredientes para el Aceite de Albahaca
4 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
Albahaca suficiente para llenar una taza sin presionarla, o ½ taza cuando la conpactas
Ingredientes para el Risotto y los Hongos Salteados
1 taza de cebada perlada previamente hidratada*
2 tazas de caldo de pollo
1 ½ tazas de agua
½ cebolla morada mediana
300 gr de hongos**
1 limón pequeño
4 cucharadas de mantequilla sin sal
1 ½  cucharaditas de aceite de oliva
3 ramitas de tomillo
½ taza de vino blanco seco + 2 cucharadas
1 taza de queso parmesano rallado + queso parmesano rallado para decorar
Sal y pimienta al gusto
*para hidratar la cebada colócala en un tazón grande y cúbrela con agua por lo menos 3 horas o toda la noche antes de preparar tu risotto.
**para esta receta utilicé los tradicionales hongos blancos de botón pero puedes usar hongos portobellos o cremini, si están a tu disposición en tu supermercado favorito.
Preparación
Cuela y pasa por agua corriente la cebada dejándola escurrir muy bien, coloca al fuego una cacerolita con el caldo y una taza y media de agua a fuego bajo. Mientras éste se calienta, pica finamente la cebolla, rebana la mitad de los hongos en láminas delgadas y la otra mitad pícala en cuartos u octavos, dependiendo de la variedad de hongos que estés usando y reserva estos últimos aparte en un tazón.
Para preparar el aceite de albahaca, coloca tus hojas en el recipiente de un procesador pequeño, o en el vaso de una licuadora, agrega las 4 cucharadas de aceite y procesa hasta obtener un aceite verdoso cuidando que las hojas estén trituradas pero no licuadas del todo. Reserva tu aceite hasta el momento de servir los platos.

Pon al fuego una cacerola grande de fondo pesado preferiblemente y agrega una cucharada de mantequilla junto con una cucharadita de aceite de oliva, una vez caliente y derretida la mantequilla baja la llama a la mitad de la potencia e  incorpora la cebolla, cuécela removiendo constantemente por unos 5 a 8 minutos o hasta que este transparente pero sin dorarse, agrega los hongos rebanados y un puntito de sal, sigue la cocción hasta que los hongos hayan reducido de tamaño y cambien su color a marrón dorado. Una vez en este punto agrega la cebada previamente escurrida, aumenta de nuevo la potencia de la llama y saltea todo removiendo constantemente por 1 minuto para luego agregar la ½ taza de vino, cocina unos minutos hasta que prácticamente se evapore.

Ahora empezaremos a agregar la mezcla de caldo caliente por cucharones, baja el fuego casi al mínimo para que no se evapore tan rápido y empezamos por incorporar dos cucharones de caldo al risotto, una vez se haya evaporado casi todo agregas de nuevo uno o dos cucharones más, siempre removiendo para que no se pegue al fondo y para ayudar a que la cebada vaya soltando el almidón necesario para la textura final de este riquísimo plato. Sigue repetida y lentamente la incorporación de líquido durante más o menos 25 minutos o hasta que tu cebada este al dente y el líquido se hay reducido lo suficiente hasta obtener la apariencia de un atol de avena.

Entre tanto está lista tu cebada, coloca al fuego un sartén mediano a fuego moderado y agrega una cucharada de mantequilla y ½ cucharadita de aceite de oliva, una vez caliente agrega los hongos picados en cuartos y saltéalos rápidamente y sin remover demasiado para que no boten líquido hasta que se doren por todos sus lados, ya dorados agrega las 2 cucharadas de vino blanco restantes, el jugo de medio limón y sal y pimienta a tu gusto. Al evaporarse por completo el vino retíralos del fuego.

Una vez listo, apaga el fuego, agrega 1 taza de parmesano rayado, el jugo del medio limón restante, un poquito de sal y pimienta y remueve para mezclar todo muy bien, si se pone muy espeso agrega un poquito más de caldo si aún tienes o un poquito de agua, vuelve a mezclarlo todo y tapa la olla dejando reposar el risotto un par de minutos, tiempo ideal para preparar los platos de servir colocando unas 2 a 3 cucharaditas de aceite de albahaca en el fondo del plato distribuyéndola por toda la circunferencia del mismo. Por último agrega dos cucharadas de mantequilla al risotto una vez transcurrido el tiempo de reposo, remueve hasta incorporarla completamente, rectifica la sal y sírvelo de inmediato decorando por encima cada platillo con una porción de hongos salteados, una cucharadita adicional de aceite de albahaca y parmesano rayado. Si gustas puedes agregar un poco más de pimienta recién molida.

Rinde 4 porciones.


Con esta receta estoy participando en el concurso "Italia, mucho más que pasta y pizza" en España.



viernes, 9 de diciembre de 2011

Tortilla de Bacalao… un magnífico sustituto de la Tortilla Española en cualquier celebración



Si hay un platillo que repito a menudo en casa para servir como pasapalos en cualquier celebración, esa es la Tortilla Española de papas, pero en estos tiempos modernos en los que nos cuidamos más y somos más selectivos a la hora de comer, donde procuramos nivelar las comidas llenas de carbohidratos sustituyéndolos por platillos low carb (bajos en carbohidratos) es precisamente en las fiestas donde encontramos mayor problema a la hora de servir aperitivos que sigan estas características y que sean espectaculares a la vista y el gusto. Después de probar con distintas combinaciones de sabores, la tortilla de bacalao rica en proteínas y muy baja en carbohidratos se ha ganado su puesto como el mejor sustituto a la tortilla española. Y aunque el bacalao no es un pescado popular en Venezuela y por lo tanto considerado como costoso, no lo es más que un salmón ahumado o un buen Jamón Serrano, típico de muchos de los platillos que se sirven de abrebocas un casi todas las fiestas o reuniones celebradas en muchas casas. Además los cortes de bacalao empleados para esta tortilla son los más baratos ya que solo utilizamos las piezas que anteceden la cola y que no sirven para ser servidas enteras como filetes o postas que salen de los lomos de este pescado. Por último un dato no menos importante a la hora de preparar cualquier plato de bacalao si te gusta, es desalar todas las piezas que compres apenas llegas a casa y luego congelarlas listas para usar, así podrás disfrutar de él cuando quieras sin necesidad de pasar por la penosa labor de hacerlo de 2 a 3 días antes del momento de preparación de la receta.

Ingredientes
2 trozos de bacalao delgados cercanos a la cola previamente desalados (1 ¾ a 2 tazas de bacalao desmenuzado)
1 cebolla grande cortada en juliana
1 taza de pimentones asados cortados en tiritas y bien escurridos
1 diente de ajo triturado
¼ taza de perejil liso picadito
5 huevos grandes ligeramente batidos con un tenedor
Sal y pimienta al gusto
2 cucharadas de aceite de oliva

Preparación
Coloca en una cacerolita tus piezas de bacalao y cúbrelas con agua fría, llévalas al fuego cocínalas por un lapso de 10 minutos, transcurrido el tiempo, cuela el pescado y déjalo enfriar ligeramente para luego con mucho cuidado desmenuzar las piezas en trozos medianos retirando toda la piel y las espinas. Resérvalo. 

Calienta a fuego medio en un sartén mediano de 24 a 25 cm de diámetro el aceite de oliva, agrega las cebollas en juliana y saltéalas por unos 8 minutos hasta que estén transparentes, ahora agrega las lascas de bacalao junto con el ajo triturado y sigue cocinando unos 5 a 8 minutos más, por último agrega el pimentón asado y termina de cocinar tu preparación hasta que quede bien sequita sin ningún tipo de líquido de cocción que te impidan en el futuro que tu tortilla no cuaje por exceso de humedad. Traspasa la preparación a un tazón grande (reserva la sartén tibia sobre fuego bajo, no la laves) y mézclala con el perejil, corrige la sal si te hace falta, según cuanto hayas desalado tu bacalao, y condimenta con pimienta. Por último agrega los huevos batidos y mezcla muy bien hasta que esté todo incorporado.

Engrasa un poquito el sartén de nuevo y regresa esta mezcla, cocina tu tortilla hasta que este apenas dorada por abajo y que se haya cocido al 50%, voltéala para cocerla por el otro lado. Para darle la vuelta a la tortilla los españoles usan un plato de la vajilla diaria de la casa, verás que esa técnica no es tan difícil de realizar y te ahorra el dinero de comprar un sartén doble. Te explico: usando una espátula recorre todo el borde de la tortilla para asegurarte que no esté pegada al sartén, tomas el plato y cubres tu tortilla y con mucho cuidado le das la vuelta para que esta caiga sobre el plato, una vez allí sólo tienes que deslizarla nuevamente al sartén, empujar los bordes hacia adentro para que queden redondeados y terminar de cocerla por esa cara. Una vez lista deslízala con la ayuda de la espátula a un plato limpio de servicio y deja que repose por lo menos unos 15 a 20 minutos antes de cortarla y servirla. 

En casa normalmente la servimos a temperatura ambiente la cual también hace más fácil el proceso de cortarla en bocadillos. Espero que la disfrutes tanto como nosotros y si te quedan algunos bocadillos para el día siguiente, podrás acompañarlos con una ensalada para una comida rápida y ligera. Felices fiestas.

Rinde de 6 a 8 porciones

lunes, 19 de septiembre de 2011

Filet Mignon con Champiñones al Oporto… alianza Franco-Portuguesa



Shhh!!!  Me atrevo a decirte que son pocos los cocineros que no tienen como objetivo alguna vez en su vida lucirse con un plato que incluya el filet mignon, pero no se lo digas porque probablemente lo guarde en secreto. Si bien este es el corte de carne más blando, lujoso y relacionado con la alta cocina del mundo, en especial la francesa, no deja de ser un clásico de bistró servido con las tan populares papas fritas, de las cuales hoy se discute su origen. Envueltos o no en tocineta, los medallones de lomito se prestan para combinarlos con infinidad de ingredientes en ricas salsas que puedes hacer rápidamente en el sartén al momento de cocinarlos. Lo único importante que debes tomar en cuenta para prepararlos con éxito es dorarlos relativamente rápido, retirarlos y mantenerlos calientes en un horno a temperatura media por unos minutos, mientras preparas la salsa en el sartén donde los doraste. Seguramente te pasará como a mí, tendrás que practicar unas cuantas veces, pero luego podrás lucirte con cualquier invitado a comer en tu casa y, en el mejor de los casos, no tendrás que estar 24 horas en la cocina para servirle un banquete espectacular. Acompáñalos con unas ricas papas gratinadas que te darán tiempo de echarte un bañito y arreglarte mientras se cuecen en el horno,  para luego sólo dedicarte a la carne sin estar pendiente de otra hornilla en la cocina.
Ingredientes
4 medallones de lomito de entre 180gr a 200gr cada uno
200gr de champiñones cortados en láminas delgadas
1 cebolla pequeña picada en cuadritos lo más pequeños posibles
½ taza de vino de Oporto
½ taza de caldo de res
2 cucharadas de mantequilla
1 cucharadita de almidón de maíz (maicena)
Aceite vegetal para dorar la carne
Sal y pimienta al gusto

Preparación
Unos 15 a 20 minutos antes de cocer tu carne, retira los medallones de la nevera y de la envoltura plástica, colócalos en un plato sobre unas 3 a 4 hojas de papel de cocina y luego cúbrelos con un par de hojas más de papel, presionándolas ligeramente sobre la carne para que se adhieran a la superficie. Déjalos así con el papel a temperatura ambiente para que pierdan el frío de la refrigeración y para que el papel absorba toda la humedad que tengan, este proceso te ayudará a obtener un buen dorado de la carne al momento de la cocción y no bajará en exceso la temperatura de tu sartén al colocarlos en ella. Por otro lado, enciende el horno y deja que caliente todo este tiempo para tenerlo a punto al momento que lo requieras para mantener la carne caliente, la otra opción que puedes usar es calentar muy bien una bandejita de horno o un plato en el microondas, una vez lista la carne colócala sobre el plato caliente y tápalo con papel aluminio, resérvalo en un lugar cercano al calor de la cocina.
Transcurrido este tiempo, coloca al fuego un sartén grande y permite que se caliente muy bien por unos minutos a fuego medio alto, mientras tanto retira todos los papeles de cocina de tus medallones, sazona con sal y pimienta y úntalos con un poco de aceite por ambos lados, por otro lado disuelve la maicena en el caldo de carne frío y resérvalo hasta el momento de usarlo. Ya lista la sartén, agrega un poquito más de aceite y coloca tus medallones tratando de no llenar demasiado tu olla, si la que usas es pequeña tendrás que dorar tu carne por tandas, debe quedar un buen espacio entre uno y otro para que no baje mucho la temperatura y se cuezan en vez de sellarse y dorarse, deja que la carne dore por unos 6 a 8 minutos por lado sin moverlos de sitio ni estar levantándolos constantemente para ver su color porque la manipulación hará que la carne suelte sus jugos en vez de retenerlos una vez más, afectando el proceso de dorado. Pasados estos minutos, dale la vuelta a tus medallones y una vez más dóralos por el otro lado sin tocarlos. Ya lista la carne retírala del sartén y resérvala caliente con cualquiera de los métodos que te describí anteriormente. 
Pon de vuelta el sartén al fuego (sin limpiarla), baja ligeramente el fuego agrega la mantequilla y luego la cebolla picadita, con la ayuda de la cuchara de madera y gracias a los jugos que suelta la cebolla te será muy fácil ir raspando todos los restos de carne que hayan quedado pegados en el fondo, los cuales llenaran de sabor tu salsa, deja cocer la cebolla hasta que este ligeramente transparente, ahora agrega los champiñones y saltéalos ligeramente, incorpora el vino de oporto y cuece todo hasta que casi se hayan evaporado todos los líquidos del sartén. En este punto agrega el caldo con la maicena, sal, pimienta y termina de cocer tu salsa hasta que espese ligeramente removiendo con cierta frecuencia para incorporar bien todos los ingredientes en la salsa y disolver cualquier grumo que pueda tener, ya con la consistencia deseada solo tendrás que rectificar la sal, servir tus medallones en los plato o la bandeja de servicio y bañarlos con esta rica salsa oscura de vino y hongos.
Rinde 4 porciones
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